El semáforo de Mogotes donde las medialunas vuelan
Leo hornea en su casa y vende desde las 6.15 en un semáforo de Punta Mogotes. Las medialunas vuelan y apunta a abrir un local propio.

En Punta Mogotes, el cambio de luz también puede traer desayuno. Antes de que salga del todo el sol, Leo llega a la esquina de avenida de los Trabajadores y Sicilia con una bandeja de panificados caseros y una rutina que ya conocen quienes pasan por ahí.
Medialunas, chipá, cremonas, bizcochitos y alfajores de maizena salen de su casa, ubicada a cuatro cuadras del semáforo. Arranca la jornada a las 6.15 y se queda hasta terminar la mercadería: generalmente hasta las 11.15 o 11.30, porque después tiene que ir a buscar a sus hijos a la escuela.
Leo trabajó durante 12 años en la Armada, pasó por la pesca y tiene formación como electricista y mecánico. Pero eligió apostar por una actividad propia, con una meta clara: construir un proyecto para su familia. Primero recorría el barrio ofreciendo bizcochitos. Hasta que encontró esta esquina y, en su primer día, vendió todo.
Desde entonces, la bandeja creció y también el vínculo con quienes frenan en el cruce. Leo cuenta que saluda y charla con los automovilistas, compren o no. Esa presencia diaria, incluso con lluvia, viento o tormenta, fue armando una clientela que ya lo reconoce desde la ventanilla.
El dato que explica la movida está en la mañana: las medialunas dulces, dice, son de lo primero que se termina. Lo que vende le permite sostener la diaria y guardar algo para comprar máquinas nuevas. Su objetivo es abrir y habilitar un local antes de la próxima temporada. Por ahora, en Mogotes, cada semáforo en rojo suma una chance para ese sueño.
¿Comprarías camino a la playa o al laburo en una esquina que ya se volvió parte del barrio?
Esa presencia diaria, incluso con lluvia, viento o tormenta, fue armando una clientela que ya lo reconoce desde la ventanilla



