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Erro. pone al algoritmo a desafinar en Mar del Plata

Erro., la performance multimedia de Alberto Barberis y Bera Romairone, llega a Mar del Plata para discutir el poder de los algoritmos.

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Erro. pone al algoritmo a desafinar en Mar del Plata

¿Qué pasa cuando equivocarse deja de ser una falla y se convierte en una forma de plantarse? Esa es la pregunta que trae a Mar del Plata Erro., una performance sonora y visual que propone correr por un rato las reglas de un mundo cada vez más organizado por algoritmos.

El espectáculo es una obra multimedia de música mixta creada por el compositor y programador crítico Alberto Barberis junto a la performer y saxofonista Bera Romairone. Su punto de partida no es esconder el error ni corregirlo rápido: es mirar el errar como una posible forma de resistencia frente al sistema algorítmico global.

La idea pega en una época donde casi todo parece venir con una respuesta sugerida. El feed decide qué aparece primero, una plataforma recomienda qué escuchar, las apps ordenan recorridos y hasta el autocorrector intenta adivinar qué queríamos decir. Erro. entra por otro lado: pone en escena la posibilidad de que lo imprevisto, lo que no encaja y lo que se desvía también tengan algo para decir.

La combinación de música, performance y visuales convierte esa reflexión en experiencia. Barberis trabaja como compositor y programador crítico, mientras que Romairone lleva su perfil de performer y saxofonista a una propuesta donde el sonido no funciona solo como acompañamiento: es parte central de la pregunta sobre cómo habitamos sistemas que clasifican, predicen y corrigen.

Para Mar del Plata, una ciudad acostumbrada a mezclar temporadas, escenas independientes, programación cultural y públicos que buscan algo distinto a la salida de siempre, la llegada de Erro. suma una obra que no promete respuestas cómodas. Propone frenar, escuchar y pensar cuánto de nuestra rutina ya está escrito por una lógica automática.

El dato fuerte no es una cifra: es la inversión de sentido. En vez de tratar al error como algo que hay que borrar, la performance lo ubica como una grieta posible. En tiempos de recomendaciones infinitas, ¿equivocarse puede ser una manera de recuperar decisión propia?