Una garrafa puede comerse hasta 69% del salario mínimo
Un informe del ISEPCI alerta que familias de barrios populares pueden destinar hasta 69% del salario mínimo a garrafas.

Para algunas familias marplatenses, comprar garrafas dejó de ser un gasto más: puede llevarse hasta el 69% del Salario Mínimo. El dato surge de un informe del Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (ISEPCI), que puso el foco en la situación de los barrios populares y en el peso que tiene este consumo dentro de presupuestos ya ajustados.
La cifra no habla de un gusto ni de una compra excepcional. Las garrafas son un recurso cotidiano para hogares que no cuentan con acceso a la red de gas natural. Cuando su costo se dispara frente a los ingresos, la discusión deja de ser solamente económica: pasa a tocar la comida, la calefacción y cada decisión de gasto que se hace en una casa.
El informe advierte que las familias pueden destinar hasta el 69% del Salario Mínimo a las garrafas y cuestiona el alcance de los subsidios existentes. El punto sensible es concreto: si la asistencia no llega, llega tarde o no cubre lo necesario, el precio final queda directamente sobre quienes tienen menos margen para absorberlo.
En Mar del Plata, donde la desigualdad entre zonas con servicios consolidados y barrios sin red de gas forma parte de la vida diaria, el dato pega distinto. Mientras algunos hogares reciben una factura mensual de gas, otros tienen que resolver el acceso a la energía mediante compras repetidas de garrafas. No es la misma cuenta, ni la misma previsibilidad para organizar el mes.
El número del ISEPCI deja una pregunta incómoda sobre la mesa: ¿cuánto puede pesar un servicio esencial antes de transformarse en un lujo? Para quienes dependen de la garrafa, la respuesta no está en una estadística lejana; aparece cada vez que hay que decidir qué gasto puede esperar y cuál no.
