Peritaje al celular suma pruebas por el femicidio de Vega
El peritaje al celular del principal acusado recuperó chats, búsquedas y una imagen que la Fiscalía analiza en el femicidio de Agostina Vega en Córdoba.

El teléfono del principal acusado pasó a ser una pieza central en la investigación por el femicidio de Agostina Vega. El peritaje informático recuperó conversaciones, búsquedas, fotos y otros registros que la Fiscalía analiza para reconstruir qué ocurrió y cuándo.
Según la información incorporada a la causa, el dispositivo había sido intervenido previamente por orden judicial en otra investigación. Esa situación permitió acceder a datos que ahora son revisados en el expediente por el crimen de la joven. Entre los elementos recuperados figuran chats que, de acuerdo con los investigadores, confirmarían un diálogo directo entre Claudio Barrelier y Agostina en las semanas previas al hecho.
La pesquisa también detectó búsquedas de contenido sexual vinculadas a relaciones familiares y a menores de edad. Ese material forma parte del análisis judicial, pero por sí solo no define responsabilidades: será evaluado junto con el resto de las pruebas, los testimonios y los peritajes ya incorporados al caso.
Otro punto bajo estudio es la noche del 23 de mayo. La hipótesis que investiga la Fiscalía sostiene que el acusado habría usado una supuesta crisis personal de un amigo para lograr que la madre de Agostina saliera de su vivienda. También se analiza una consulta en una aplicación de transporte sobre el costo de trasladar a la adolescente hasta el domicilio del acusado, en el barrio Cofico.
Los investigadores consideran además una imagen hallada en el celular y la posible relevancia de una habitación de la vivienda cuyo acceso, según declaró la pareja del acusado, estaba restringido. La causa volvió a revisar también una denuncia previa realizada por una joven de 20 años que habría escapado de esa misma casa. Barrelier es el principal acusado, y su situación procesal deberá definirse con las pruebas que la Justicia considere válidas. El caso vuelve a mostrar por qué preservar teléfonos, chats y registros digitales puede ser decisivo en una investigación de violencia de género.
Ese material forma parte del análisis judicial, pero por sí solo no define responsabilidades



