Tío Mario cerró tras casi 30 años en Mar del Plata
Tío Mario cerró el 26 de septiembre tras casi 30 años. Caída de ventas, costos e importados presionan a jugueterías tradicionales de la ciudad.

Una juguetería que acompañó la infancia de varias generaciones marplatenses bajó la persiana. Tío Mario cerró definitivamente el sábado 26 de septiembre, después de casi tres décadas de actividad. El local había anunciado una liquidación total de su stock y dejó de operar meses antes de cumplir 30 años, aniversario que estaba previsto para abril de 2027.
El cierre no aparece como un caso aislado. El sector juguetero atraviesa una combinación difícil: menos ventas, costos altos para sostener locales físicos y una competencia cada vez más fuerte de productos importados. Para una ciudad donde las jugueterías tradicionales forman parte de las compras de cumpleaños, Reyes y vacaciones, la baja de una persiana también cambia el mapa comercial cotidiano.
Durante la liquidación, Tío Mario ofreció promociones como 2x1 en artículos seleccionados, 30% de descuento en mochilas y cartucheras, y 20% en productos para pileta y playa. La venta fue únicamente en efectivo y sin reposición de mercadería. Ahora, esa etapa ya terminó: el comercio confirmó el cese de sus operaciones.
Según datos citados por la Cámara Argentina de la Industria del Juguete, las ventas del sector cayeron 10% durante el primer semestre de 2026. Su gerente de Relaciones Institucionales, Julián Benítez, señaló que hay múltiples cierres en el rubro. La entidad también advirtió que la industria trabaja cerca del 30% de su capacidad y que cinco fábricas se encuentran en proceso de cierre.
La presión viene de varios lados. Cerca del 90% de los juguetes importados que ingresan al país provienen de China, mientras también crece la llegada de productos desde Vietnam. A eso se suma la reducción de aranceles para ciertos juguetes importados, que pasó de 35% a 20% en octubre de 2025, y el avance de compras por courier. El resultado es una pelea desigual entre precios bajos, consumo debilitado y costos fijos que no aflojan. La pregunta para Mar del Plata es incómoda: ¿qué lugar queda para los comercios de barrio cuando comprar más barato se vuelve la única prioridad?
Una juguetería que acompañó la infancia de varias generaciones marplatenses bajó la persiana