2.000 metros de cable y una cuadrilla trucha
La Justicia confirmó las preventivas de cuatro acusados por robos de cable que afectaron a 1.900 clientes; ahora buscan la ruta de reventa en Mar del Plata.

Una cuadrilla que parecía estar trabajando podría haber sido parte del robo de casi 2.000 metros de cable subterráneo en Mar del Plata. La Cámara Federal confirmó la prisión preventiva de cuatro personas acusadas de integrar una organización investigada por robos reiterados de cableado de telefonía e interrupción de comunicaciones.
La medida había sido dictada inicialmente por el juez de Garantías Santiago Inchausti, a pedido de la fiscalía federal. Las preventivas son por 180 días, el mismo plazo previsto para profundizar una investigación que ahora apunta a una pregunta clave: dónde terminaba y quién compraba el material sustraído.
Según informaron fuentes judiciales a Infobrisas, la causa se inició el 21 de agosto tras una denuncia de Telefónica Móviles Argentina por cortes que afectaron a clientes de la ciudad. La investigación estima que los robos generaron inconvenientes para más de 1.900 usuarios y que el cable tenía un valor de reventa calculado entre 200 y 560 millones de pesos.
El dato más llamativo de la pesquisa es la modalidad atribuida al grupo. Sus integrantes habrían usado ropa similar a la de operarios, conos y carteles de señalización para camuflarse como una cuadrilla de obra pública. Para sacar los cables de cámaras subterráneas, habrían utilizado un camión con pluma hidráulica y un falso generador eléctrico que ocultaba un motor con malacate.
Durante los allanamientos se secuestraron 14 celulares, tres handies, una camioneta, un camión, dos autos, un semirremolque, recortes de cable y dinero: más de 11 millones de pesos y 4.200 dólares. La causa también sumó un expediente que tramitaba en San Nicolás y pasará al área de Delitos Complejos. La investigación sigue: el próximo paso es reconstruir la ruta de reventa de un material cuya falta se siente recién cuando el teléfono o la conexión dejan de funcionar.
La investigación sigue: el próximo paso es reconstruir la ruta de reventa de un material cuya falta se siente recién cuando el teléfono o la conexión dejan de funcionar



