El bazar ocupa el centro que dejaron los locales vacíos
Más de 25 bazares chinos ya operan en el centro de Mar del Plata. Importaciones, locales vacíos y stock sin vencimiento explican el auge que cambia vidrieras.

Más de 25 bazares chinos ya funcionan en la zona céntrica de Mar del Plata, una expansión que se nota en las vidrieras del micro y macrocentro: locales largos, con mucho fondo, llenos de tazas, artículos de cocina, maquillaje, anotadores, bolsitos y objetos que antes costaba encontrar juntos en un mismo lugar.
El fenómeno no responde, según la Cámara de Supermercadistas Chinos de la ciudad, a una gran cadena que baja una persiana y levanta otra. Paula Urciuoli, referente de la entidad, explicó que buena parte de los dueños son hijos de supermercadistas chinos: comerciantes de segunda generación que crecieron en Mar del Plata o llegaron desde Buenos Aires y encontraron en el bazar una alternativa menos compleja que manejar alimentos.
La diferencia clave está en el stock. Un supermercado convive con vencimientos, reposición permanente y productos perecederos que obligan a una logística diaria. En un bazar, en cambio, la mercadería puede permanecer más tiempo en góndola. Esa gestión más simple permite apostar a una variedad enorme de productos y renovar la oferta sin la presión de tirar lo que no se vendió a tiempo.
El otro motor es la apertura de las importaciones. Urciuoli sostuvo que el contexto actual volvió conveniente traer artículos que antes no cerraban por costos o disponibilidad. A eso se suma un dato visible para cualquiera que camine por el centro: hay locales vacíos y propietarios dispuestos a negociar. Los nuevos bazares suelen buscar superficies grandes, de al menos 300 o 350 metros cuadrados, justo el tipo de espacio que no siempre resulta fácil de ocupar.
La expansión ocurre, igual, en un momento de consumo retraído. Que abrir sea más accesible no garantiza vender fácil. La referente también marcó distancia con las grandes cadenas de capitales chinos, como la proyectada para el shopping de La Rioja y Belgrano: el nivel de inversión y respaldo económico de esos proyectos es otro.
¿Y los bazares de barrio? Urciuoli comparó la discusión con el desembarco de los supermercados chinos a comienzos de los 2000, cuando se anunciaba el final de los almacenes. No pasó. Su lectura es que cada comercio conserva un público, productos y vínculo propio. Pero el mapa comercial marplatense ya cambió: donde había persianas bajas, ahora aparecen pasillos llenos de cosas para mirar, comprar o, al menos, tentarse.
La expansión ocurre, igual, en un momento de consumo retraído. Que abrir sea más accesible no garantiza vender fácil



