La mejor medalla de Marita Peralta corre en casa
Dos Juegos Olímpicos, marcas en 42K y una certeza: Marita Peralta dice que sus hijas fueron el impulso clave de su carrera de élite.

María de los Ángeles "Marita" Peralta corrió dos Juegos Olímpicos, dejó su marca en los 42 kilómetros y ganó una medalla sudamericana. Pero, cuando mira hacia atrás, pone otra conquista arriba de todas: la familia que construyó con Maia y Ainhoa.
La atleta marplatense, olímpica en Londres 2012 y Río 2016, contó que la llegada de sus hijas fue decisiva en uno de los momentos más exigentes de su carrera. Maia nació en 2008 y Ainhoa en 2010, en pleno ciclo olímpico. Lejos de frenar su camino deportivo, se convirtieron en el impulso emocional para sostener entrenamientos, competencias y el sueño de representar al país.
"Fueron las dos personitas que me inspiraron y me dieron fuerzas para lograr mi sueño de ser atleta olímpica", resumió Peralta. Para una fondista, donde cada preparación exige horas de pista, kilómetros y una rutina que no perdona, organizar la maternidad y el alto rendimiento no fue un detalle: fue parte central del recorrido.
Hoy Maia tiene 18 años y se interesa por las relaciones públicas y la estética. Ainhoa, de 16, eligió el alto rendimiento: entrena de lunes a sábado y compite en salto triple y pruebas combinadas. Marita remarca que nunca buscó imponerles una carrera deportiva. Sí quiso que el movimiento fuera un hábito cotidiano, pero que cada una encontrara su propio lugar, ya fuera en el deporte, el arte o cualquier otra pasión.
En una casa donde conviven la pista, los outfits y las charlas familiares, la exponente marplatense del atletismo celebra que sus hijas sean distintas y se acompañen. La reflexión va más allá de una fecha especial: después de Londres, Río y las grandes carreras, Peralta sostiene que su prioridad es verlas felices. ¿Puede haber una medalla más difícil de ganar que criar con libertad mientras se persigue un sueño propio?
La atleta marplatense, olímpica en Londres 2012 y Río 2016, contó que la llegada de sus hijas fue decisiva en uno de los momentos más exigentes de su carrera