Nahuel Rucá, la estación que quedó sin tren
A poco más de una hora de Mar del Plata, Nahuel Rucá guarda una estación sin tren, monte nativo y un almacén de otra época para una escapada.

A 59 kilómetros de Mar del Plata hay un pueblo donde el tren dejó de pasar hace décadas y el silencio ganó la discusión. Nahuel Rucá, un paraje rural del partido de Mar Chiquita, nació alrededor de su estación ferroviaria en 1912 y hoy conserva esa marca de origen entre caminos de tierra, monte nativo y unas pocas familias residentes.
Su nombre viene del mapuche y significa “casa del yaguareté”. No es un dato decorativo: ayuda a entender la identidad de un lugar apartado, con señal limitada y una escala que parece ajena a la rutina de apuro marplatense. Según el relevamiento publicado por 0223, la actividad del poblado se frenó con el cierre del ramal ferroviario durante la década del 70.
La vieja estación sigue siendo el gran símbolo del paraje. El edificio conserva nomencladores de hierro y una cisterna de agua, mientras el predio forma parte de una iniciativa de preservación cultural que busca orientarlo al ecoturismo. El contraste pega: donde antes circulaba un tren que conectaba producción y vecinos, ahora queda una estructura abandonada con potencial de convertirse en otro tipo de punto de encuentro.
También sobrevive el almacén de ramos generales, una parada que mantiene la estética de las antiguas pulperías y recibe tanto a habitantes de la zona como a viajeros de cicloturismo o quienes buscan un almuerzo campero. Cerca de allí, la estancia familiar Nahuel Rucá reúne 400 hectáreas, una laguna y un bosque nativo de tala, donde se realizan caminatas, cabalgatas y avistaje de fauna, de acuerdo con la nota original.
La escapada no queda en una postal imposible: desde el centro de Mar del Plata son 59 kilómetros por la Ruta Provincial 11 hasta la zona del kilómetro 475, cerca de la albufera de Mar Chiquita, y luego 14 kilómetros por un camino vecinal sin pavimentar. El viaje demanda poco más de una hora en auto. El dato para guardar es simple: no hace falta irse lejos para encontrar una estación sin tren, un almacén de otra época y un pedazo de campo bonaerense que todavía resiste al ritmo acelerado de la costa.
La pregunta queda abierta: ¿estos parajes tienen que convertirse en destinos de fin de semana o proteger su calma justamente de esa llegada masiva?
La vieja estación sigue siendo el gran símbolo del paraje