Sachets de leche que terminan en muebles
Científicos del INTEMA crearon Tetrabor, placas con sachets y envases multilaminados, resistentes como el MDF y con menor absorción de agua. Buscan escalarlo.

El sachet de leche que iba a la basura podría terminar sosteniendo tu próxima biblioteca. Un equipo de investigadores de Mar del Plata desarrolló Tetrabor, un aglomerado fabricado a partir de sachets de leche y envases multilaminados similares al Tetra Pak, pensado como alternativa para hacer muebles y otros objetos.
El desarrollo nació en el Instituto de Investigaciones en Ciencia y Tecnología de Materiales (INTEMA). Valeria Pettarin, doctora en Ciencia de Materiales, investigadora del CONICET y docente de la Facultad de Ingeniería de la UNMDP, explicó en Radio Brisas que el foco está puesto en materiales que hoy tienen poco valor para el reciclado convencional. El problema es conocido: estos envases mezclan plástico, aluminio y cartón, y separar cada capa puede costar más que lo que se logra recuperar.
La jugada del equipo fue no separar esas capas. En cambio, buscaron conservar la estructura multicapa y encontrar la presión y temperatura necesarias para que todo quede unido en forma de placa. El resultado, según los ensayos realizados, tiene una resistencia mecánica comparable a la de los tableros MDF comerciales, pero con una diferencia que puede pesar mucho en una casa, un taller o un local: absorbe bastante menos agua.
Eso importa porque los aglomerados tradicionales pueden hincharse o deteriorarse cuando están expuestos a la humedad. En Tetrabor, las capas de plástico y aluminio funcionan como barrera frente al agua. El aluminio también aporta protección frente a la radiación ultravioleta. Las placas pueden perforarse y atornillarse como la madera, y el equipo ya fabricó bancos para usar en el laboratorio. No es una maqueta para la foto: esos bancos se usan habitualmente.
El proyecto ya fue comparado con tableros comerciales, tiene una solicitud de patente presentada y logró fabricar un prototipo de mayor tamaño. Por ahora, en el laboratorio trabajan habitualmente con placas de unos 20 por 30 centímetros y probaron espesores de hasta 36 milímetros. El cuello de botella no es científico: es industrial. Para crecer, necesitan una empresa o cooperativa que se sume a escalar el proceso con equipos y prensas adecuadas.
Mar del Plata produce conocimiento que puede atacar dos problemas a la vez: residuos difíciles de recuperar y materiales para la industria del mueble. Falta ese último paso para que el sachet deje de ser descarte y empiece a ser una placa con salida real. ¿Qué empresa local se anima a convertir esta idea en producción?
La jugada del equipo fue no separar esas capas