Se negó a declarar el acusado del call center carcelario
El acusado de liderar una banda que habría hecho más de 10 mil llamadas para estafas desde prisión se negó a declarar ante la Justicia en Mar del Plata.

Más de 10 mil llamadas desde prisión y una declaración que no llegó. Hugo Miguel, acusado de liderar la asociación ilícita investigada por estafas telefónicas, se negó a declarar este miércoles ante el fiscal Mariano Moyano en los Tribunales de Mar del Plata.
Según informaron fuentes judiciales a 0223, Miguel fue trasladado desde la Unidad Penal N°1 de Olmos, donde cumple una condena a prisión perpetua por otra causa. Antes de la audiencia se entrevistó con integrantes de la defensa oficial y eligió no dar su versión sobre los cargos que le atribuye la fiscalía.
La investigación apunta a una organización que, de acuerdo con la acusación, realizó más de diez mil llamados desde unidades penitenciarias para intentar estafas de distintas modalidades. Entre ellas figuran pedidos de dinero por supuestas fianzas, falsos llamados de bancos para cambiar dólares, la llamada modalidad “llorona” y maniobras para obtener datos que luego podían ser usados en ingresos a viviendas.
El hombre, de 62 años, fue imputado como presunto jefe de una asociación ilícita, además de estafa en grado de tentativa, robo agravado en poblado y en banda y robo agravado en grado de tentativa. Ahora debe definirse el lugar de alojamiento donde continuará cumpliendo su pena mientras avanza este expediente.
Otros tres imputados —Franco Isaías Miguel, Jonathan Villalba y Alejandro Demetrio— también se habían negado a declarar cuando comparecieron en el octavo piso de Tribunales. Para los investigadores, habrían tenido tareas de búsqueda de información y acercamiento a los domicilios de potenciales víctimas. La pesquisa incluyó intervenciones sobre seis líneas telefónicas y medidas de la DDI en las unidades penales N°1 de Olmos, N°44 y N°15 de Batán. El dato que inquieta en Mar del Plata no es solo la escala de los llamados: es la facilidad con la que una voz del otro lado puede intentar meterse en la rutina de cualquier familia.