En Mar del Plata, la inseguridad no distingue pasajeros ni conductores. Los taxistas de La Feliz enfrentan un dilema: aceptar viajes con el riesgo de ser víctimas de robos o seleccionar cuidadosamente a quién suben a sus autos.
El miedo de trabajar en la calle en una ciudad que debería ser paraíso es real. Los choferes proponen un sistema de selección más riguroso para evitar sustos violentos y protegerse mientras intentan ganarse la vida.
El auge de los robos no solo impacta en los taxis, sino también en la sensación de seguridad en toda Mar del Plata. La confianza en detonar un viaje hacia lo desconocido está en juego.
Con la temporada alta en el horizonte, los turistas también sienten el golpe. La imagen de una ciudad segura y acogedora empieza a tambalear y el negocio peligra.
¿Tiene la ciudad una estrategia para enfrentar esta ola de inseguridad o es cada uno por su cuenta en el camino?
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