Te lo resumo así nomás: un francés se manda un chorro espectacular en Gloria de la Peregrina y termina en arresto domiciliario. La Sala I de la Cámara de Apelación y Garantías decide enchufarle un monitoreo electrónico y un billete para el psicólogo. Todo muy Prosegur, pero en tu casa.
Esto importa porque volvemos al clásico: ¿la seguridad dónde, papá? Un tipo asalta, y el castigo es Netflix desde la cama. Acá la víctima sigue con el trauma mientras el otro hace zapping entre una sesión de terapia y otra. ¿Y la justicia? Bien, gracias.
Hablemos claro: Mar del Plata no es zona franca para venir a hacerse el gaucho. Las leyes parecen una broma, pero la vida de los demás no lo es. Una y otra vez, el sistema falla en proteger a los que laburan y pagan como vos.
Este arresto domiciliario plantea una consecuencia: más gente dudando si pasear por la ciudad es una aventura digna de Rambo. El turismo y el comercio local, que ya están en la cuerda floja, sienten el cimbronazo en sus bolsillos.
¿Hasta cuándo vamos a aguantar esta justicia con mirada internacional? ¿O será que Mar del Plata ya es tierra de nadie? Comentá y desahogate que te leemos.
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