¡Ojo al piojo! Un asalto en pleno Güemes terminó de la manera más inesperada: el dueño del almacén murió por un disparo que no venía de los ladrones, sino de su propia esposa. 😱
El caso se puso más raro cuando el ‘trapito’ del barrio fue condenado por el lío que se armó, aunque no disparó ni un corcho. ¿Culpable o chivo expiatorio de la historia bizarra de la semana?
¿Creés que se hizo justicia o todo terminó en un quilombo legal? Contanos tu opinión y tratemos de entender este episodio digno de una serie de Netflix.
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