Adriana Terenzi lleva seis días desaparecida y su familia está haciendo de todo para encontrarla. Se los ve por las calles de Mar del Plata pegando carteles con su foto, pidiendo máxima difusión. Están haciendo todo el ruido posible, como si estuvieran buscando a Eleven en Hawkins.
La movida que está armando la familia no solo es para encontrar a Adriana, sino porque saben que cada minuto cuenta. Las fotos pegadas no son solo papel, son un grito de desesperación que interpela a todos. En esta ciudad, donde todos parecen desaparecer sin dejar rastro, el caso de Adriana resuena como un eco.
Adriana, de 35 años, es una más entre varios casos donde las respuestas se hacen esperar. La falta de novedades en su búsqueda pone de nuevo la lupa sobre la eficacia de los buscadores oficiales. Parece que acá, solo con la familia y la comunidad nos entendemos.
En Mar del Plata, el barrio se convierte en la red de búsqueda más poderosa. La gente comparte información como la Daily Bugle con las historias de Spider-Man. Cada esquina de la city puede ser una pista, cada cara conocida una esperanza.
¿Qué nos dice esto de la realidad local? ¿Qué pasa cuando los carteles en las paredes son la única respuesta? La ciudad está despierta, y no va a parar hasta que Adriana esté de vuelta. ¿Nos van a seguir fallando los sistemas que deberían cuidar a la gente?
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