El fiscal Vera Tapia nos trae drama de colección desde el skatepark. El micro de la línea 532 se dio vuelta y el sketch de tormenta perfecta arrancó: posible falla mecánica, chofer al volante colaborando full y una víctima que se fue con menos de lo que tenía, gracias al oportunista de turno.
¿Por qué esto importa? Porque en Mar del Plata subirse al micro debería ser menos peligroso que jugar al Counter-Strike sin mirar. En una ciudad donde los colectivos son la arteria de muchos, que haya dramas mecánicos genera escalofríos.
No es la primera vez que un colectivo nos deja en vilo. Entre parabrisas empañados, asientos medio rotos y frecuencias caprichosas, los marplatenses sabemos que los bondis a veces son como un cofre de sorpresas (y no todas son buenas).
Pensá en esto: si el transporte público no es seguro, un simple viaje puede convertirse en una odisea de película. Y encima, los cacos al acecho están listos para hacer su movida cuando menos lo esperás.
¿Cuándo el próximo micro se va a quedar en su carril? Ojalá pronto, porque la ciudad no está para juegos de equilibrio… ¿O sí?
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