Una hora y media. Atados, amenazados, sin poder hacer nada. Eso es lo que vivieron dos jubilados de más de 80 años el sábado 16 de mayo en su casa de Alvear y Garay, en pleno barrio Güemes. Su hijo lo contó después porque ellos, obvio, todavía están procesando que un grupo de personas entró a su casa y los tuvo como rehenes durante 90 minutos.
La modalidad fue entradera: los siguen, esperan, entran. No es un arrebato de dos segundos ni un chorro en la calle. Es organizado, es premeditado y está pasando en barrios donde vive la gente mayor que construyó esta ciudad laburando toda su vida. Dos personas de más de 80 años que no le hacen mal a nadie, en su propia casa, convertida en una trampa. La zona de Güemes no es un barrio «conflictivo» según el relato oficial. Es donde vive tu abuela, la del vecino, la de todos.
Lo que más duele no es solo el hecho en sí, que ya es una mierda enorme. Es pensar que en Mar del Plata, ciudad que se vende como destino de verano y postal de bienestar, haya pibes que planifican meterse 90 minutos a torturar ancianos. Y después está la pregunta que nadie responde: ¿qué pasa cuando el robo termina y las cámaras se apagan? El parte policial, la nota en el diario, el posteo de indignación… y la semana que viene pasa de vuelta.
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