La movida de Ni Una Menos en Mar del Plata tiene al Gobierno nacional en la mira. Las organizaciones de la ciudad están sacadas por el ajuste y el desfinanciamiento en políticas de género. Mientras en Batan y acá se pide a gritos algo más que palabras, el silencio ensordecedor retumba.
Es como si una ola gigante de preocupaciones chocara contra las playas de Mardel. La violencia machista sigue siendo un monstruo suelto y las medidas para frenarla brillan por su ausencia. ¿Hasta cuándo tenemos que esperar para ver cambios reales?
Si te la pasás preguntándote por qué no hay pasta para políticas de género mientras los precios suben, no estás solo. Es hora de hacer ruido y pedir que los políticos se pongan las pilas. ¿Nos quedamos de brazos cruzados?
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