En Independiente de Mar del Plata se destapó algo que nadie quiere ver pero que hay que mirar de frente: detectaron casos de grooming en las divisiones formativas y la Justicia ya está actuando. Todo empezó con la denuncia de un padre de un jugador juvenil. Después aparecieron dos casos más. El club activó protocolos de urgencia, lo que significa que esto es serio y que alguien en algún momento supo —o debería haber sabido— que algo no estaba bien.
El grooming es el proceso por el cual un adulto gana la confianza de un menor a través de medios digitales para manipularlo y abusar de él. No es un tema raro ni lejano: pasa en los lugares donde los pibes van a hacer lo que más les gusta, como entrenar. El entorno deportivo, justamente por la confianza que genera, es uno de los espacios donde más vulnerables están los chicos. Y eso es exactamente lo que hacen quienes buscan hacerles daño: explotan esa confianza.
Lo que sigue ahora depende de que la Justicia actúe rápido y de que el club no cierre filas para proteger su imagen en lugar de proteger a los pibes. Ya pasó en otros lados. Ya sabemos cómo termina cuando las instituciones priorizan el nombre antes que las personas. Acá el único protocolo que importa es el que cuida a los menores. Todo lo demás es verso.
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