En Mar del Plata, la vida real se puso un poco como un capítulo de La Casa de Papel. Dos tipos, de 26 y 28 años, decidieron revivir viejas peleas a lo gangster, pero en vez de máscaras de Dalí, usaron balas. Sí, le balearon el portón a un vecino.
Los pibes se metieron en un lío fuerte y no se escaparon ni con un buen plan de fuga. Las cámaras de seguridad hicieron su magia y, después de analizar las filmaciones, cayeron los responsables como peces en red.
Los giles nunca pensaron que la tecnología iba a ser su peor enemigo. Al final, los polis les incautaron un auto, celulares y hasta las prendas que usaron para hacerse los James Bond marplatenses.
En una ciudad donde las cosas se deberían resolver con palabras, la violencia sigue aumentando y cada bala tiene un costo real para la seguridad de los vecinos. La tranquilidad en Mar del Plata es más frágil que la economía argentina.
¿Qué hacemos para que la MDP dejes de aparecer en las noticias por estos líos? ¿Será que la seguridad tiene más agujeros que un queso suizo?
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