Los vecinos de Los Pinares en Mar del Plata se hartaron de vivir en una peli de acción constante sin haberla elegido y salieron a la calle. Mientras algunos sueñan con surfear olas, ellos surfean la inseguridad diaria.
Lo jodido es que este circo no depende solo de la muni; las fuerzas bonaerenses también están en la mira. La gente pide respuestas, no discursos. Es como esperar que te pase la ola perfecta, pero te viene un tsunami de indiferencia.
Mar del Plata, la ciudad que solía ser sinónimo de relax playero, ahora enfrenta un dilema de seguridad pública nunca antes visto. Y aunque no es novedad que la inseguridad nos arrebate la tranquilidad, cada movilización es un grito desesperado que debería resonar fuerte.
El impacto concreto se traduce en un aumento del miedo a salir a la calle, perjudicando el comercio local y el turismo, justo cuando deberíamos estar preparándonos para la temporada de verano. Sí, justo cuando más necesitamos a los visitantes.
¿Hasta cuándo vamos a mirar esto desde la tribuna? La inseguridad es la verdadera antagonista de nuestra ciudad. ¿Alguien se va a levantar a tomar cartas en el asunto o seguimos en esta espiral imparable?
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