Ya pasaron casi tres años desde el crimen de Iara Nardelli y su mamá sigue gritando lo que todos tememos: «Esto fue un femicidio». La tragedia que sacudió a Mar del Plata vuelve a ponerse bajo la lupa, porque seguimos sin respuestas claras y esa sensación de impunidad nos roe.
Iara era una de nosotras. Una marplatense que tenía toda la vida por delante. Su caso es el recordatorio doloroso de la inseguridad que acecha. Mientras unos miran para otro lado, algunos la luchan con uñas y dientes.
¿Hasta cuándo vamos a bancar esto? La justicia no puede ser sólo un deseo. Mostremos nuestro apoyo, porque exigir que se haga justicia es exigir por nuestra seguridad diaria.
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