Un descontrol en pleno centro marplatense terminó con un hombre aprehendido tras insultar y amenazar a los agentes que acudieron por un llamado vecinal. El culebrón tuvo lugar en Corrientes al 2000, cuando la policía se encontró con este personaje haciendo quilombo.
Las amenazas no fueron solo palabras en el aire: el tipo se puso tan pesado que tuvo que irse de paseo al calabozo. ¿Cómo llegamos a esto? Simple, porque la seguridad ya se siente como una endeble torre de Jenga a punto de caer.
Este tipo de situaciones generan preocupación en la ciudad, donde la gente ya está cansada de lidiar con situaciones así pero la solución parece siempre tardar más que el colectivo en enero.
El impacto para los marplatenses es claro: otra vez el desorden se siente en las calles que deberían ser seguras. Y mientras tanto, nos preguntamos: ¿quién nos cuida de estos loquitos sueltos?
¿Es que la paciencia de los vecinos está llegando a su límite? ¿Hasta cuándo vamos a ver a la misma película repetida?
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