¿Qué más se puede decir? Otro pibe, Lautaro Servín, de 17 años, se suma a la lista de víctimas de la inseguridad. Mientras iba con su viejo rumbo a la escuela, unos motochorros le dispararon y lo mataron. Escuchar que «no murió» y que volvieran a disparar es de película, pero de las malas.
Este tipo de violencia nos toca a todos, especialmente a los que solo quieren ir a estudiar y laburar. ¿Hasta cuándo vamos a tener que vivir con miedo? Cada día es una ruleta rusa salir a la calle.
La tragedia de Lautaro no es la primera ni será la última mientras seguimos sin soluciones reales. Los motochorros son parte del paisaje y el drama es que lo estamos normalizando, como si vivir con esta paranoia fuera el peaje.
En Mar del Plata, casos así deberían ser un llamado de atención. Acá la cosa todavía no está tan heavy, pero ¿vamos a esperar que sea otro pibe de acá?
Nadie debería tener que despedirse de un hijo en la puerta de la escuela. Preguntate: ¿Qué estamos haciendo para cambiar esta historia de terror?
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