El busto escondido que mira al mar desde 1936
Entre la vegetación del Paseo Dávila sobrevive un busto de 1936: el homenaje a Ameghino que miles pasan de largo frente al mar.

Entre las plantas del Paseo Dávila hay una cara de piedra mirando al mar desde hace 90 años. No es una intervención nueva ni un detalle decorativo perdido: es el busto de Florentino Ameghino, una de las esculturas históricas más antiguas que todavía conserva Mar del Plata. Está a la altura de 3 de Febrero, sobre el recorrido costero, pero el follaje hace que buena parte de quienes pasan por ahí ni lo registre.
La pieza homenajea al naturalista que recorrió las barrancas marplatenses en busca de fósiles para sostener sus investigaciones sobre el origen de la humanidad. Es una conexión bastante concreta entre la ciudad que hoy se fotografía frente al mar y un pasado científico que tuvo a la costa atlántica como terreno de estudio.
La idea de levantar el monumento apareció en 1925, aunque el proyecto definitivo se realizó en 1936 durante la gestión del intendente José Camusso. Formó parte de los homenajes por los 25 años de la muerte de Ameghino y de las celebraciones oficiales por el cincuentenario de Mar del Plata. En ese momento, la zona de Punta Iglesia todavía marcaba uno de los límites urbanos frente al mar.
El escultor y empleado municipal Rafael Radogna fue el encargado de trabajar la obra sobre un bloque macizo de piedra extraído de la Cantera del Griego. El Municipio la financió con fondos de su presupuesto, mientras avanzaban las tareas de remodelación y parquización de la costa. La inauguración fue el 29 de noviembre de 1936, con autoridades municipales, científicos y representantes del gobierno bonaerense.
El dato más llamativo está en el presente: pese al salitre, la erosión y casi nueve décadas de exposición, el busto sigue prácticamente intacto. Lo que lo vuelve difícil de encontrar no es el desgaste, sino la vegetación: aloe vera y otras especies lo fueron cubriendo hasta esconderlo de la vereda. La próxima vez que camines por ese tramo del paseo, vale frenar un minuto: ¿hay que despejarlo más para que deje de ser un secreto o esa capa de misterio ya es parte de su encanto?
El dato más llamativo está en el presente: pese al salitre, la erosión y casi nueve décadas de exposición, el busto sigue prácticamente intacto



