El pan nuestro de cada día... ¡en peligro de extinción!

En Mar del Plata, las panaderías están prendiendo alarmas. Según la Asociación de Industriales Panaderos, el consumo de pan se desplomó hasta un 60%, y el fantasma de más cierres se agiganta. En una ciudad donde el olor a pan recién horneado es casi patrimonio cultural, esto duele.
La cosa no es solo que nadie compra, también está el quilombo de siempre: costos de producción por las nubes y las respuestas del otro lado parecen fantasmas. El miedo a perder laburos está tan presente como el mate en la playa y la informalidad empieza a tomar protagonismo.
Las panaderías siempre fueron un termómetro de la economía local. Cuando todos compramos pan sin mirar precios, las cosas iban bien. Ahora la historia pinta distinta y, como siempre, quien la sufre es el que se rompe el lomo.
Para MDP, esto significa más que un problema económico: es una cuestión cultural. La crisis del pan simboliza mucho más que el cierre de un negocio; es parte de nuestra identidad, y eso pega en el corazón.
Y ahora viene la pregunta del millón: ¿seguiremos teniendo nuestras medialunas de los domingos o será un lujo reservado para unos pocos?



