El autocine de 200 autos que tumbó el clima marplatense
Tuvo pantalla gigante, lugar para 200 autos y buffet al coche. El primer autocine local cerró en 1972 por un enemigo bien marplatense.

Mar del Plata tuvo autocine antes de que fuera una idea de pandemia, pero el viento, la niebla y los mosquitos le ganaron la función. El primer emprendimiento de este tipo en la ciudad abrió para la temporada de verano de 1969, en Aragón y Jovellanos, a metros de avenida Constitución. Duró apenas tres años.
La apuesta buscaba traer a la costa el formato de los drive-in estadounidenses: una pantalla de 20 metros de ancho por 15 de alto, lugar para hasta 200 autos y una salida que mezclaba cine, buffet y privacidad desde el vehículo. Hoy, ese terreno está ocupado por concesionarias.
El detalle más ingenioso estaba bajo las ruedas. El predio tenía rampas arqueadas con inclinación transversal para levantar la parte delantera de autos como el Ford Falcon, el Fiat 600 o el Torino. La idea era que cada parabrisas tuviera una vista limpia hacia la pantalla, sin que el auto de adelante te arruinara la película.
El sonido tampoco llegaba por radio: había columnas distribuidas en el lugar y cada persona colgaba un parlante individual de la ventanilla. Ahí apareció el problema más marplatense de todos. Para escuchar había que dejar la ventana entreabierta; para sobrevivir a la noche costera había que bancarse el frío, las ráfagas y, en verano, los mosquitos. La niebla marina sumaba otro golpe: interfería con el haz de luz y podía volver imposible ver la proyección.
Las entradas costaban 352 pesos de la época, pero la novedad no alcanzó para sostener una estructura tan dependiente del clima ni para atravesar los inviernos. El autocine cerró en 1972. Casi medio siglo después, la pandemia le dio una revancha temporal al formato en espacios como AutoEstadio y Club Once Unidos, ya con audio por FM, proyecciones láser y pedidos por QR. La pregunta queda flotando: ¿era un plan adelantado a su tiempo o una idea que en Mar del Plata siempre iba a chocar con el pronóstico?
La niebla marina sumaba otro golpe: interfería con el haz de luz y podía volver imposible ver la proyección



