King Kong perdió la pelea contra la cartelera marplatense
Un King Kong de 17 metros llegó a Mar del Plata en 1979, fracasó en taquilla y alimentó el mito de un robot abandonado en pleno centro.

Un King Kong de 17 metros y más de seis toneladas quedó tirado en pleno centro de Mar del Plata. No es una escena inventada para una película: pasó durante la temporada de verano de 1979, cuando el animatrónico gigante construido en Hollywood para la versión cinematográfica de 1976 llegó a la ciudad con la promesa de ser una atracción imposible de esquivar.
La mole mecánica había pasado antes por Buenos Aires y desembarcó en la Costa Atlántica para encabezar un espectáculo armado alrededor de su figura. Fue instalado en el predio del antiguo Estadio Bristol, en la manzana de avenida Luro entre Salta y Jujuy. Allí levantaron una gran estructura y un pozo especial para contener al gorila, mientras el show sumaba números circenses.
Pero la apuesta no funcionó. En una ciudad con teatros, espectáculos y propuestas de verano por todos lados, el público no acompañó como esperaban. La taquilla fue mala, el proyecto acumuló deudas, embargos judiciales y reclamos por derechos musicales. El robot, que había sido una inversión millonaria para Hollywood, terminó cubierto apenas con lonas precarias a la intemperie.
Ese es el dato que todavía parece no cerrar: una pieza hecha para una superproducción internacional quedó expuesta al clima marplatense, a metros de la movida céntrica. Con las lonas deteriorándose rápido, la imagen del simio abandonado alimentó una de esas historias que sobreviven porque tienen todo: verano, espectáculo fallido, deudas y un monstruo mecánico oxidándose donde hoy cuesta imaginarlo.
Durante años circularon versiones de todo tipo. Que había terminado en un basural de Batán, que lo desmantelaron, que las ratas lo devoraron o que fue vendido como chatarra. Investigaciones históricas posteriores reconstruyeron otro recorrido: hacia fines de abril de 1979 la productora logró sacarlo de Mar del Plata, lo llevó a un predio de Devoto, en Buenos Aires, y después lo envió a un parque de diversiones de San Pablo, Brasil.
El King Kong no terminó perdido en la periferia, pero el mito quedó. Más de cuatro décadas después, la postal de un robot gigante abandonado entre teatros y calles céntricas sigue siendo una de las historias más raras de la memoria marplatense. ¿Qué otra leyenda local parecía inventada y resultó tener una parte muy real?
La taquilla fue mala, el proyecto acumuló deudas, embargos judiciales y reclamos por derechos musicales



