Ruta 11: cómo nació y cayó el mito de un asesino serial
Tres femicidios en cinco días hicieron crecer el mito del Loco de la Ruta 11. Las pericias revelaron que no había un solo agresor detrás.

En mayo de 2013, tres femicidios en cinco días sembraron miedo en localidades de la Costa Atlántica conectadas por la Ruta 11. La cercanía temporal de los hechos, ocurridos en Miramar, Villa Gesell y Santa Clara del Mar, instaló una hipótesis que se expandió rápido entre vecinos y medios: que un mismo agresor recorría el corredor costero.
La figura fue bautizada como el “Loco de la Ruta 11”. La posibilidad de un atacante itinerante alteró rutinas en plena temporada baja: hubo temor en accesos urbanos, preocupación por sectores con poca iluminación y una fuerte demanda de controles en las rutas. La gravedad de los crímenes y la coincidencia geográfica alimentaron una explicación común para hechos que, en ese momento, todavía estaban bajo investigación.
Según reconstruyeron las pesquisas judiciales y policiales, esa teoría fue descartada por las pericias. Los análisis de ADN, las huellas y las modalidades de ataque no coincidían entre sí. Las muestras relevadas en las tres escenas correspondían a hombres diferentes, sin una conexión comprobada entre los expedientes.
Las investigaciones avanzaron por separado y permitieron identificar a responsables en causas independientes. De acuerdo con la información publicada sobre esos procesos, no se trataba de una red ni de un único asesino serial que se desplazaba por la Ruta 11, sino de distintos delitos cometidos por autores sin vínculo entre sí.
El caso quedó asociado a lo que especialistas describen como un conglomerado criminal fortuito: hechos de una tipología similar, concentrados en poco tiempo y en una misma región, que producen la percepción de una única amenaza. La desmentida de ese mito no reduce la dimensión de los femicidios ni el impacto que dejaron en las comunidades.
Para Mar del Plata y las localidades vecinas, el episodio también expuso una discusión que sigue vigente: la seguridad y el acompañamiento para mujeres en zonas periféricas, especialmente durante el invierno, cuando baja el movimiento y quedan más visibles las falencias de iluminación, transporte y prevención.
Los análisis de ADN, las huellas y las modalidades de ataque no coincidían entre sí



