Una tormenta solar podría cortar el internet que entra por la costa
Una tormenta solar extrema podría afectar cables, GPS y comunicaciones. Por qué Las Toninas y la costa cerca de Mar del Plata son puntos clave para el país.

Una tormenta solar fuerte no te quemaría el celular, pero sí podría dejarlo sin señal ni datos. Ese es el escenario que vuelve a poner bajo la lupa a la costa bonaerense: gran parte de la conexión internacional de Argentina ingresa por cables submarinos que llegan a Las Toninas, a pocos kilómetros de Mar del Plata.
El Sol atraviesa una fase intensa de actividad dentro de su ciclo y los organismos que monitorean el clima espacial siguen de cerca las eyecciones de masa coronal. Son nubes de plasma y energía magnética que, si apuntan hacia la Tierra, pueden alterar el campo magnético del planeta. No representan un peligro biológico directo para las personas, pero sí pueden complicar satélites, GPS, comunicaciones de radio y redes eléctricas.
El punto débil no es la fibra óptica en sí, que transmite información con luz, sino los equipos electrónicos que sostienen esos enlaces. Los cables submarinos tienen repetidores instalados a lo largo de su recorrido y alimentados desde tierra. Una tormenta geomagnética extrema puede inducir corrientes eléctricas no deseadas y afectar componentes críticos de telecomunicaciones y energía.
Para Mar del Plata, la discusión no es astronómica ni lejana. Si fallaran conexiones internacionales o sistemas de posicionamiento, el impacto podría sentirse en la vida cotidiana y en la actividad productiva: internet inestable, problemas para operar servicios digitales, dificultades en comunicaciones marítimas y errores de GPS. En una ciudad con puerto, flota pesquera, turismo y trabajo cada vez más atado al celular, una caída prolongada no sería un detalle técnico.
Hay antecedentes que explican la preocupación. En 1989, una tormenta geomagnética dejó sin electricidad a buena parte de Quebec durante varias horas. Eso no permite afirmar que vaya a repetirse un apagón de internet en Argentina, ni que Mar del Plata vaya a quedar aislada, pero sí muestra por qué operadores y agencias espaciales monitorean estos eventos y preparan protocolos para proteger infraestructura.
La idea de que ocurre un evento extremo “cada 100 años” debe tomarse como una estimación, no como un reloj con fecha marcada. Las tormentas solares no se pueden predecir con esa precisión. Lo concreto es que la costa atlántica concentra infraestructura clave y que una falla grande ya no afectaría solamente al Wi-Fi: también podría tocar navegación, pagos, trabajo remoto y comunicaciones. La pregunta incómoda queda servida: ¿cuánto aguanta una ciudad conectada si la conexión viene, literalmente, desde el fondo del mar?
El punto débil no es la fibra óptica en sí, que transmite información con luz, sino los equipos electrónicos que sostienen esos enlaces