Vecinos cansados de los tiros tiraron abajo un búnker
Hartos de escuchar balazos, un grupo de vecinos tomó la justicia por mano propia y derrumbó un búnker narco en Mar del Plata. Lo que durante meses fue foco de tensión, tiroteos y miedo cotidiano terminó reducido a escombros después de que la comunidad decidió que ya era suficiente.
El búnker funcionaba como punto de venta y distribución de drogas en el barrio. Los vecinos llevan tiempo denunciando la situación: balaceras en la vía pública, presencia constante de personas armadas y la sensación de que el Estado no llegaba o llegaba tarde. Cuando la situación escaló y los tiros se volvieron rutina, decidieron actuar ellos mismos.
La demolición popular no es un hecho aislado en la historia de la ciudad, pero sí es llamativa porque muestra el nivel de hartazgo de comunidades que sienten que las instituciones no dan respuesta suficiente. La organización vecinal como respuesta a la inseguridad aparece cada vez con más fuerza en los barrios que no son tapa de diario, los que están lejos del centro y de la playa.
El tema pega directo en Mar del Plata: la ciudad tiene una imagen de verano, turismo y Costa Atlántica, pero sus barrios periféricos conviven con una realidad muy diferente. El narcomenudeo y los enfrentamientos armados son parte del día a día de muchos marplatenses sub-30 que crecieron o viven en esas zonas. No es un problema abstracto ni estadístico: es el sonido de un disparo a dos cuadras de casa.
La pregunta que queda flotando después de ver cómo un grupo de vecinos derriba un búnker con sus propias manos es incómoda: ¿qué tiene que pasar para que el Estado llegue antes de que la gente se canse y actúe sola? La respuesta de las autoridades, si es que llega, todavía está por verse.



