En el barrio Los Pinares la madrugada no fue un cuento de hadas. Un tipo laburante, que simplemente estaba tratando de llegar a fin de mes, fue víctima de una persecución inesperada. Un grupo de chorros en un Audi lo acorraló, lo golpeó y culminó la escena robándole su herramienta de trabajo: una moto.
Este no es solo otro caso de inseguridad. Estamos hablando de un pibe que depende de su moto para el día a día. Y mientras algunas cosas se prometen desde arriba, la realidad de los que la pelean en la calle es muy distinta. ¿Cuántos más van a tener que vivir el mismo calvario antes de que la seguridad sea más que una palabra bonita en un discurso?
No es la primera vez que el barrio se convierte en escenario de este tipo de hechos. Los Pinares ha visto un aumento en incidentes similares, y las soluciones parecen tan lejanas como los funcionarios encorbatados en sus oficinas. La sensación (y realidad) de inseguridad crece cada día más.
Para Mar del Plata, esto no solo es una historia de un delito más: es un recordatorio de que la inseguridad afecta directamente a los laburantes. La rotura de este círculo vicioso debería ser prioridad número uno: garantizar que el flaco que te lleva el delivery llegue sano y salvo, con su moto y su dignidad intactas.
¿Hasta cuándo la inseguridad será la protagonista en nuestras calles? ¿Cuántas motos más tendrán que desaparecer antes de que alguien dé la señal de alarma real? La pelota está en cancha, y el tiempo corre.
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