Un expolicía de Mar del Plata, Emilio Salim Abosalech, fue condenado a 20 años de prisión por drogar y violar a dos mujeres, además de intentar abusar de una tercera. Este oscuro episodio culminó con su sentencia el 9 de junio y ahora permanecerá en la Unidad Penal 15 de Batán.
Este caso no es uno más en la lista de crímenes del dirigente menos esperado. Abosalech, quien debía proteger a la comunidad, usó su posición para hacer lo contrario. En una ciudad que ya tiene demasiado de qué preocuparse, la sensación de inseguridad se agudiza cuando los que deben cuidarte son los que terminan dañándote.
El juicio contó con un jurado popular que no dudó en declararlo culpable. La comunidad de Mar del Plata cerebró, aunque queda ese sabor amargo de saber que estas cosas pasan y que las víctimas sufren el infierno de frente.
El impacto en Mar del Plata es palpable. Cada historia de inseguridad repercute en la confianza de los locales y turistas, afectando desde el boliche hasta la playa. Mar del Plata, con su encanto, no merece quedar como escenario de crímenes que nos recuerdan series oscuras.
Entonces, la pregunta que nos queda es: ¿cómo reconstruimos la confianza en quienes deben protegernos? Reflexiones así nos convocan a no mirar para otro lado y exigir respuestas concretas.
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