Los suicidios entre adolescentes están en aumento y las autoridades escolares levantaron la alarma. Es un tema que, más allá de las estadísticas, pone los pelos de punta y no puede dejar a nadie indiferente.
El por qué de este fenómeno afecta mucho más que a los propios chicos; es un espejo negro que nos muestra el estrés, la presión y la falta de contención que viven. ¿Estamos dejándolos solos a la deriva mientras luchan con sus propios demonios?
Las cifras no mienten. Los suicidios en adolescentes ya no son casos aislados, y la pandemia ha sido un factor que potenció una crisis previa. Con el encierro y las clases virtuales se agravaron los problemas de salud mental que ya venían asomando la cabeza en silencio.
En Mar del Plata, las escuelas están en jaque, tratando de encontrar la forma de poner un freno a este flagelo. Sin embargo, la sensación es de impotencia cuando las soluciones reales parecen tardar más que los problemas en aparecer.
¿Qué podemos hacer como sociedad para que los chicos no se sientan tan solos? Reflexionemos, porque acá ya no se trata de estadísticas: se trata de vidas. ¿Será que necesitamos repensar cómo estamos cuidando a los pibes?
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