Entraron a robar en el local de una ONG que fabrica pelucas para personas que perdieron el pelo por el tratamiento de cáncer. No es un error de tipeo, no es una metáfora: alguien decidió que ese lugar, con ese laburo, era un buen target. Las voluntarias que sostienen esto dijeron algo que da escalofríos: «salir nos da terror». Y tienen razón en tenerlo.
La ONG opera en Mar del Plata y dona pelucas a pacientes oncológicos que no pueden pagarlas. Todo el proceso lo hacen voluntarias, con donaciones de cabello y tiempo que nadie les paga. El local no tiene caja registradora, no tiene plata en efectivo, no tiene nada que un ladrón con dos dedos de frente consideraría botín. Pero igual entraron. Rompieron. Revolvieron. Y dejaron a un grupo de personas que regalan su tiempo para ayudar a los que están peleando la batalla más jodida de su vida con miedo de volver a abrir la puerta.
Esto pasa en MDP. En la misma ciudad donde el municipio pone energía en discutir quién pone el arbolito en la rambla. Las voluntarias siguen, porque son más fuertes que el miedo y que los que rompieron ese local. Pero estaría bueno que la ciudad que tanto se llena la boca con ser solidaria demuestre que lo es de verdad: con presencia, con seguridad, con el apoyo que este tipo de espacios necesita para no tener que cerrar la persiana por miedo.
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