No les dan respiro: un parador de Punta Iglesia fue el blanco dos veces en tres días por parte de los amigos de lo ajeno. Primer round: se llevaron la recaudación y algunas cositas más. Segundo round: cuatro minis ladrones detenidos antes de dar el golpe maestro.
Esta movida no es solo un robo más, es un reflejo de lo que muchos sienten en la ciudad: la inseguridad sale a jugar a toda hora y en cualquier lugar. Quizás sea tiempo de que los que deberían cuidar se pongan las pilas.
Punta Iglesia, lugar icónico para el marplatense que ama la playa y el verano, ahora también es el escenario de esta novela de crímenes playeros. Y aunque esta vez pillaron a los pendejos antes, el susto ya está instalado.
Las pérdidas concretas afectan a los laburantes de la zona. Tener a la gorra constante daña las temporadas y el bolsillo de los que dependen del turismo.
¿Y ahora qué? ¿Nos acostumbramos o exigimos cambios reales? La respuesta dirá mucho de nuestro futuro como ciudad.
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