Un delivery se quedó sin su moto en un abrir y cerrar de ojos en el barrio Pinos de Anchorena. A plena luz, dos chorros se la llevaron como si estuvieran en una peli de acción.
Esto no es solo una moto menos en la calle; afecta a alguien que justo está laburando para ganarse el mango. Cada historia como esta es una señal de la inseguridad que vivimos.
Los vecinos de Pinos de Anchorena no es la primera vez que ven algo así. La bronca va en aumento y la paciencia, en descenso.
En Mar del Plata, donde el verano es ley, el miedo constante de perder lo tuyo está siempre latente como la arena en las ojotas.
¿Hasta cuándo vamos a vivir con la preocupación de que te desaparezca algo de un saque?
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