No es una escena de Netflix, es la realidad marplatense: un vuelo sanitario traslada a una víctima del choque en el skatepark. Estamos hablando de tres heridos que batallan por sus vidas y una joven que ya no está. Dolor y angustia.
Si pensabas que lo peor de la noticia era el accidente, todavía falta el capítulo médico. Los amigos pelean como leones en Terapia Intensiva, mientras el resto se pregunta si una posible negligencia pudo ser cómplice del tragedión.
Recordemos, este choque fue a lo Rápido y Furioso versión argentino, con un colectivo que no paró hasta desatar el caos y dolor. En el medio, estamos los que pagamos el boleto y nunca sabemos qué espera en la próxima parada.
En Mar del Plata, donde la joda y la playa son religión, nos toca ver cómo esta tragedia impacta en el corazón de la ciudad: nuestras calles, nuestros jóvenes. Nada queda igual cuando la ruta se transforma en un hospital a cielo abierto.
La pregunta es inevitable: ¿cuántas vidas más deben pender de un hilo para que esto cambie? Y más importante: ¿quién debe actuar para que no pase otra vez?
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