Los pibes de un buque marplatense la rompieron cuando se viralizaron viendo el Mundial en altamar desde un humilde celu. Mientras vos comentabas desde el sillón, ellos se jugaban el aguante en medio del océano.
La empresa los vio y no se quedó atrás: decidieron mandarles una tele para que puedan seguir los partidos de Argentina como se merece, a lo grande. No hay mar que pueda con la pasión albiceleste.
Esta movida no es común, pero demuestra que hasta en medio del Atlántico no se pierde la oportunidad de estar conectados con la tierra y un buen mate. Y de paso, se llevan una experiencia digna de contarle a los nietos.
Para Mar del Plata, este pequeño acompañamiento resuena. Nos hace pensar cómo la tecnología nos mantiene juntos, incluso cuando el salitre y las olas quieren interponerse.
¿Cuántas otras historias como esta se estarán contando mientras dormimos? Al final, ser parte de esta ciudad implica más de lo que se ve.
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