Desalojaron la Feria de Playa Popular hace un mes y lo único que dejaron fue escombros, basura y un silencio institucional que dice todo. El predio donde durante años los feriantes armaban su laburo hoy luce removido, sucio y abandonado, como si el operativo hubiera sido solo para sacar a la gente y después… nada.
Lo más turbio es esto: todavía no hay ninguna definición sobre qué va a pasar con los feriantes ni con la presentación judicial que impulsó el SIVARA. O sea, los echaron, les cagaron el ingreso de un plumazo, y un mes después el municipio no tiene ni un comunicado, ni una reunión, ni un chiste para ofrecer. El predio sigue ahí, pelado y roto, como testimonio de que el desalojo no tenía plan B. Solo tenía el desalojo.
La Feria de la Rambla no era un kiosquito clandestino: era parte del paisaje de MDP, el lugar donde ibas a buscar desde artesanías hasta la gorra que te salvaba en verano. Los que laburaban ahí no eran corporaciones ni fondos de inversión: eran personas con un puesto, un oficio y una rutina que alguien decidió borrar de un día para otro. Mientras tanto, el espacio que supuestamente había que liberar para algo mejor sigue siendo un terreno lleno de bolsas de consorcio. Bienvenidos a la gestión.
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