Los barrios de Playa Grande y San Carlos en Mar del Plata están que arden. Los vecinos reclaman más presencia policial por una ola de inseguridad que, según ellos, viene de la mano de personas disfrazadas de trapitos.
La falta de seguridad no solo incomoda, también afecta a los que quieren disfrutar de la ciudad sin sobresaltos. Un lugar que debería ser para descansar y disfrutar, hoy está bajo la sombra del temor.
En otras épocas, las calles de estos barrios estaban más tranquilas, pero últimamente se nota la ausencia de una fuerza policial efectiva. No basta con pedir más policías en papeles; la seguridad tiene que sentirse.
Los negocios locales también sienten el impacto. Menos seguridad se traduce en menos turistas y menos plata para todos. La cuestión va más allá de lo coyuntural, toca el bolsillo directamente.
La pregunta ahora es cuánto más aguantarán los vecinos antes de que la situación explote. ¿Será que tenemos que esperar hasta que alguien se anime a resolver el caos?
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