El finde largo no vino con buenas noticias para Mar del Plata. Pablo Santín, el capo de UTHGRA, tiró la posta: la ocupación hotelera no pasó del 25%. Poquito, ¿no? Y como si fuera poco, el sector gastronómico cada vez tiene menos gente laburando y más horarios recortados.
Pero el tema no es solo que la ciudad esté medio apagada, sino que eso significa menos plata girando entre los locales. Que se diga: si no hay turistas ocupando camas, no hay billeteras gastando en churros, almuerzos y birras. El verano marplatense, que tiene que ser nuestra carta fuerte, está en modo avión.
No es la primera vez que nos enfrentamos a estos bajones. La informalidad crece como las olas en invierno y muchos terminan buscando la suya como pueden. Los números pegan, pero el verdadero golpe se siente en la rutina del que sigue poniéndole el pecho al trabajo formal.
¿Y qué onda para los que ya viven acá? Menos turistas significan menos laburo para los miles de marplatenses que dependen del turismo para llegar a fin de mes. Este 25% de ocupación hace que nos preguntemos: ¿qué más tiene que pasar para que algo cambie?
Si no le damos un giro a esto pronto, nos arriesgamos a que Mar del Plata se quede sin su magia de verano. ¿Cómo hacemos para que la próxima vez podamos contar una historia distinta?
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