Lo que pintaba como una fiesta en Mar del Plata terminó en un caos al estilo de Los Simuladores. Hinchas y la Policía se enredaron en una batalla de balas de goma y gases lacrimógenos que opacó los festejos.
Esos momentos de jolgorio que se ven cada tanto en Mardel se tiñeron de tensión. Quien quiera salir a festejar ahora tendrá que pensarlo dos veces, porque en vez de flota de amigos, capaz termina en un enfrentamiento de película.
El problema no es nuevo. Disturbios similares ya han empañado jornadas deportivas y el efectivo uso de la fuerza siempre queda bajo la lupa. ¿Por qué seguimos cayendo en lo mismo?
No es solo un tema de seguratas con gases; la imagen de la ciudad queda chamuscada y el turismo, un motor vital para los pibes, puede verse afectado. ¿Qué hacemos para no espantar visitantes?
¿Hasta cuándo vamos a seguir viendo los mismos shows de violencia en nuestros festejos? ¿Es posible celebrar en paz o ya es parte del folclore marplatense?
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