¡Corta la bocha! Una histórica fábrica de baterías bajó la persiana y dejó a más de 100 trabajadores en la calle. ¿El detalle que indigna? Los despidos se comunicaron por WhatsApp. Como un grupo de amigos que avisa que la joda se cancela, pero esta vez sin emoticones.
Es un golpe duro para todo el que trabaja en Mar del Plata. Te levantas todos los días para ganarte el mango y, de repente, te encontrás con que tu fuente de ingresos se esfumó en un mensaje de texto. ¿Qué tan precarias se han vuelto las formas de comunicar algo tan serio?
Esta fábrica tenía años en la ciudad, una parte del paisaje industrial que muchos daban por sentada. Pero ahora, con esta movida, el tema del empleo local vuelve a estar en el primer plano. No es la primera vez que una empresa decide cerrar de una forma tan desprolija, poniendo en tela de juicio cómo se manejan las relaciones laborales.
Para Mar del Plata, significa una pérdida económica significativa. Más allá del golpe directo a los trabajadores, afecta al comercio local, a los servicios y hasta al ánimo de la ciudad. Porque sí, todo está conectado en este Tetris económico.
¿Cuánto más vamos a aguantar decisiones que se toman desde un celular? Marca el número de la indignación. ¿Vamos a seguir permitiendo que nos traten como contactos en una agenda?
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