El sector gastronómico de Mar del Plata está haciendo agua. Hernán Szkrohal, el mandamás de la Asociación Empresaria Hotelera Gastronómica, tiró la bomba: la rentabilidad está más abajo que el calefactor de tu buliche en pleno enero.
Cae el consumo, te hackean con impuestos y los costos trepan más que vos en la peatonal. Si seguís revisando tus bolsillos, te vas a dar cuenta de que salir a cenar es casi una quimera. Y ni hablar para los que estén viendo si invertir en una pizzería es mejor idea que un plazo fijo.
Esto no es nuevo: cada mes, los precios suben más que cuando te toca organizar el asado y la rentabilidad del sector se hunde como el Titanic. Pero, ¿alguien hace algo? Mientras, el café con medialunas sigue atreviéndose a ser más caro.
En Mardel, los bares están llenos de historia pero hoy también de problemas. No es solo una cuestión de glamour. Los laburantes se la ven complicada y nuestros lugares de encuentro corren riesgo de convertirse en historia.
¿Puede nuestra movida nocturna sobrevivir a todo esto o estamos condenados a juntarnos en lo de un amigo para siempre? ¿Qué hacemos para que los bares no sean un recuerdo del pasado?
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