Las fábricas de ropa que te daban laburo a vos, a tu viejo o al vecino del barrio están cerrando, y el presidente de la Cámara Textil de Mar del Plata lo dijo sin anestesia: «Para el sector hay un futuro negro». No es una metáfora. Es lo que está pasando ahora mismo en la ciudad.
La apertura de importaciones —o sea, inundar el mercado con ropa barata de afuera— le está pegando directo en la mandíbula a la producción local. Las ventas se desplomaron, las máquinas se apagan y los laburantes se quedan en la calle. El ajuste económico nacional no es un número en un gráfico: acá se traduce en fábricas cerradas en Mar del Plata. En familias sin sueldo. En barrios que se vacían de trabajo.
MDP históricamente fue una ciudad con industria textil fuerte, de esas que no salen en los folletos de turismo pero que sostenían a miles de personas todo el año, no solo en temporada. Si esto sigue así, lo que queda es una ciudad que vende choripanes en enero y no tiene nada en agosto. Spoiler: eso ya lo estamos viviendo. La pregunta es si a alguien en algún sillón de poder le importa algo más que la foto en la inauguración del siguiente paseo costero.
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