Imaginá andar por Luro y Perú un domingo y ver a tres pibes de 14, 15 y 16 años montando una moto como si fuera la Naranja Mecánica version MDP. La escena terminó cuando la policía los interceptó y se descubrió que el vehículo había sido robado hace dos meses en Miramar.
¿Por qué deberías preocuparme esto? Porque las calles de Mar del Plata son para todos, no para que cualquiera se pasee en un vehículo que no le pertenece. Y pensar que en este quilombo la inseguridad se le ríe en la cara a muchos que solo quieren llegar sanos a casa.
El robo de la moto venía siendo un misterio desde hace dos meses. Sustraída en Miramar, sobrevivió a una travesía hasta terminar en manos de estos adolescentes en Mar del Plata. Este tipo de historias nos recuerdan que MDP no es un set de película gangsta.
Cada vez que una moto se roba, un vecino de la zona pierde no solo su medio de transporte, sino también la tranquilidad que uno espera de su propia ciudad. Debería importarnos que las calles sean seguras para caminar o para roulotear sin miedo.
¿Estamos condenados a vivir así? Tal vez llegó la hora de romper el ciclo o al menos preguntarnos qué más se necesita para que nuestros barrios sean seguros de verdad.
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