De alfajor casero a un final tipo Black Mirror

La historia de Sebastián empezó como un antojo en pandemia: hacer un alfajor para él mismo. La cosa fue tan buena que un amigo le pidió una docena, y así nació Alfajores Lanín. Pero seis años después, la crisis económica lo obligó a cerrar.
¿Te imaginás algo tan simple como un alfajor llevándote de la nada a tener un negocio? Eso fue lo que le pasó a Sebastián, pero al final los números no cerraron. La inflación y la baja en el consumo fueron como una serie de Netflix que sabes que no va a tener buen final.
La historia de Lanín es conocida en Mar del Plata, el lugar donde los sueños a veces colisionan con la realidad económica. Desde un dulce comienzo hasta enfrentar el crudo despertar de los costos en aumento.
Para la economía local, cerrar un emprendimiento es más que una noticia triste; es un recordatorio de lo complicado que es mantenerse a flote en un país donde el consumo es todo un desafío.
¿Qué pasa con esos momentos de creatividad pandémica? ¿Los mata la realidad económica? La próxima vez que te comas un alfajor, pensá dos veces a quién estás apoyando detrás de esa golosina.

